Qué pena tener que morirme ahora

Mi tío-abuelo Pedro Casero no sólo fue un hombre muy lúcido y gran jugador de ajedrez, sino con un gran sentido del humor (falleció hace cuatro años).

Pedro: [Se dirige al cuidador desde la silla de ruedas.] Qué pena tener que morirme ahora, con lo hermoso que está el pueblo.

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